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30/1/11

¿Quién dijo que la alta costura era frívola? Christian Dior en París, apología al arte. Años cuarenta...o cincuenta.

La alta costura no sirve para nada. ¿Y eso quién se lo va a poner?.
Cansada de estos comentarios y muchas veces también de preguntarme hacia dónde van los derroteros de la moda, inmersa en la realidad de la practicidad (y a veces reiterativo) mass market, llega Christian Dior para echar por tierra cualquier argumentación que tache de banal la Haute Couture.


Avemus papa. O mejor podría decir John Galliano, nadie como él podría mostrar la esencia de Dior, aquella que año tras año me ha hecho adorar el concepto artístico, narrativo de una puesta en escena maestra.
¿Irving Penn? No, no son sus fotos clásicas y por las cuales es reconocido su excepcional trabajo, mira a lo que me refiero:
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Rene Gruau, el ilustrador que creó la imagen de la casa de Dior, ha hecho las veces de inspiración para un diseñador que mirando hacia un futuro inmediato se ha detenido en las ondas, volúmenes, siluetas claras, gestos y movimientos que ofrecían las ilustraciones de un genio de antaño.
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Femenina y sofisticada, así definían desde NeoModa la colección de Christian Dior  París SS 2011, y no tengo menos que darle la razón, no sin antes añadir maestra e inconfundible, dime cómo sino es posible el proceso de adaptación de una época dorada a un contexto austero, flaco por la crisis, saliendo ileso y con tal resultado.
Su estética, el cariz que toma cada una de sus creaciones genera dos sentimientos encontrados. Te gusta o no, no te gusta a medias, como las tintas.
Desde el maquillaje, hasta el pelo, el concepto que recoge toda y cada una de las piezas de la colección no puede menos que dejarte boquiabierto.
Para bien o para mal, pero boquiabierto.
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Puedes decir que no te gusta, pero no se puede negar lo evidente...






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